martes, 5 de junio de 2012

Diego Ortega, Tomás Martín, Lorenzo Negri, Gustavo Gardey




                                                 



                                                   Juegos de Poder

 Lo ví, sentado allí, entre esas cuatro paredes sin iluminación, tan vacía y cerrada. No
debería estar allí privado de todo lo que tenía antes de lo que sucedió. Lo está
devorando. Se está volviendo loco, o ¿todos nos estamos volviendo locos?
 Él era un muchacho con mucho poder, riqueza, prostitutas, tenía todo lo que deseara
cualquier otro hombre del planeta. Ahora lo único que le queda es una pluma y unas hojas. Esperando por ese último corte del verdugo.

Aquella mañana del lunes, no tan típica como otras, el Rey irrumpió en la habitación
donde yo desempeñaba mis funciones de contador. Siempre pedía por su esposa pero
ese día pidió por mí. “Lo sabe”. “Nos descubrió”.Todos esos pensamientos surgieron en
mi mente en un instante.
Rey:- Ve a los aposentos de mi hijo y tráele aquí. Lo necesito urgentemente.
Yo:- Enseguida regreso mi señor-
Caminé a paso veloz, hacia la habitación del príncipe Morgan.
Me crucé con una de las sirvientas y le pedí que lo alcanzara a la gran alcoba donde el
Rey, ansiosamente, lo esperaba.
Al verlos irse, me dirigí hacia la habitación de la reina, toqué su puerta y ella me
atendió.
Reina:-Pase-
Se cerró esa gran puerta de roble y consumamos nuestro amor prohibido.
 Posterior a salir de la habitación de la reina decidí volver a mi arduo trabajo en aquella
amplia sala. Al caminar hacia allí, a unos pasos del cuarto del rey, recibí un golpe de, lo
que yo estimo, un jarrón. Ese golpe me dejó inhabilitado para correr al agresor, que por
cierto era un hombre de gran tamaño. Toqué mi cabeza y tenía sangre, sentía que el piso
se movía. Alcancé a sostenerme de la pared y caminar hacia la habitación donde estaba
el rey. Me asomé por la puerta y divisé un charco de sangre, instintivamente grité por
ayuda. Entré al cuarto y pude ver el cuerpo del Rey degollado.

Bueno, yo voy a contar mi parte de la historia. Me encontraba seguro de que no podía
ser él, el asesino. Creía en lo que me decía, y a demás no lo creo capaz de haber matado
a su propio padre, porque lo conozco desde pequeño y es mi mejor amigo. Traté de defenderlo diciendo que el hombre que mató al Rey era un hombre mucho más robusto. Al día siguiente recibí una carta, en la cual se me advertía severamente que me retractara o sería acusado de traición. Tuve que ceder antes las amenazas, para cuidar a mi familia.
 Hoy es miércoles. El asesinato ocurrió el lunes, y creo haberlo visto a la hora del
crimen en el río. Era de noche y estaba llevando el informe de la ganadería al contador del Rey.
Cuando observé a una persona parada junto al gran río al que da el castillo. Pensé que
era Morgan ya que iba vestido con su típica túnica nocturna. Cuando estuve cerca de
entrar al salón real, escuche un sonido. De pronto, escuché unos pasos y una puerta que
se movía. Miré hacia esta y vi una persona salir corriendo. Me asomé a la ventana más
cercana y observé que por el patio corría un hombre con una túnica idéntica a la del
príncipe. Pensé que era él, pero lo que me sorprendió fue que este hombre era más
robusto e imponente. De pronto escuché un grito, un grito de ayuda, no reconocí esa
voz. Corrí hacia la sala donde tendría que estar el Rey y el contador. Y logré, junto con
él , encontrar en una esquina, la daga del príncipe. La reconocimos porque
tenía sus iniciales grabadas en el mango.

Miranda: En que problema te has metido… y todo por ser el heredero al trono.
Morgan:-¿De qué estas hablando?
Miranda:- Sé que tu no eres el culpable. También sé de tus encuentros secretos.
Morgan:- Entonces… ¿Por qué no has dicho nada al respecto? ¿Por qué no has hablado?
Acaso, ¿No te das cuenta de que me cortarán la cabeza?
Miranda:- Pero, ¿Puede ser que seas tan iluso? Tu novio está muerto, yo mandé un
asesino a que lo matara.
Morgan:- ¿Pero por qué?
Miranda:- Porque de esta manera no tienes coartada. Además era tu daga la que cortó la
garganta de tu padre. Estás condenado hijo mío.
Morgan:- Ahora entiendo, tú hiciste todo esto para que tu esposo se convirtiera en Rey.
Miranda:- Te equivocas querido, no sé quien mató a tu padre, solo sé que, vi una
ventaja y la aproveché.
Morgan:- ¡Tu me inculpaste!
Miranda:- Tu te inculpaste solo con tus estupideces. Ahora debo irme, espero que tu
muerte sea rápida. En este momento el verdugo esta practicando sus movimientos,
mientras el herrero afila la guadaña.
Morgan:- ¡Hervirás en el infierno junto a mi!

 Con las últimas palabras de odio hacia la reina sobre mi merecido trono, me metieron aquí,
en la celda debajo del piso real. Ya medio muerto por la falta de alimento y agua.
Este es el maravilloso momento antes de la muerte donde uno se pone melancólico y le
pasa toda la vida en un abrir y cerrar de ojos, es una horrible y maravillosa sensación.
Puedo escuchar bajar por las escaleras a mi verdugo, listo para llevarme a la guillotina.
Ha llegado el momento de mi injusta muerte y no, todavía no estoy preparado para ese
momento, me faltan tantas cosas para irme hacia el otro mundo. La vida me debe a mi
esposa, mis hijos, mis nietos, mi vejez y tantas cosas hermosas más.
Estas hojas son la única prueba de que soy inocente de la muerte de su majestad, con el
fin de condenar a los verdaderos maleantes. Ahí voy contigo padre.

1 comentario:

  1. Quisiera que agregaran en esta misma entrada el argumento del cuento que imaginaron. ¿Cuál era la intencionalidad inicial? ¿Se cumple en lo que elaboraron? ¿Podría pensarse este relato como un policial? ¿Cómo les parece que seducen al lector?
    Para pensar: el orden y la cantidad de información que van dando; la ausencia de indicios (ganaría si no dijeran todo, si utilizaran modos más sutiles y sugerentes de ir develando los hechos); el uso de algunos recursos de estilo que enriquezcan el discurso para que alcance pretensiones literarias. No pierdan de vista que deben narrar y no decir.
    Rever repeticiones innecesarias, uso de discurso directo, cómo se introducen los diálogos en un texto narrativo (confunden con género dramático).
    Revisar y rehacer. Ir pensando un título.
    Entrega de versión definitiva: el 13 de julio. Borradores previo, hasta el 6.

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