viernes, 17 de agosto de 2012

Noticias lamentables-Victoria Azubel, Manuela Calcaterra, Evelyn Benitez, Nahuel García Raggio

Observaba el bello paisaje de mi reino cuando todo se tornaba gris. Aquel día lo recuerdo como si fuera ayer. Mi hija, mi diminuta niña, la princesa Mercedes se ubicaba en la parte de arriba de la pequeña glorieta que estaba en el castillo. Ella era muy bonita, su belleza resplandeciente hacía que todos los muchachos del reino estuviesen a sus pies. Con los brazos me llamó para que me acercara a hablar mientras caminábamos juntos por los jardines del palacio, como cuando era una niña, que con tan solo una sonrisa podría calmar mis penas y preocupaciones.

Oh mi señor, los días en los que vivía la esposa del rey y madre de Mercedes eran de paz y armonía en el reino. Éste no tenía rivalidades ni tampoco algún tipo de conflicto, pero todo cambió cuando usted, mi señor, se comprometió con Beatriz. El reino Justo, y Mercedes comenzaron a decaer cual cabello de anciano, el primero se llenó de violencia y asolamiento, y su hija, mi rey, de tristeza.

Mi padre era un hombre muy estructurado y tradicional. Siempre quiso que me casara con Luis, un príncipe de un reino cercano, por que lo veía como buen candidato para rey y futuro padre de familia. Sin embargo, una tarde de abril volviendo del cementerio, me crucé con un caballero muy apuesto, valiente e inteligente. Nunca había sentido algo así. Fue un sentimiento indescriptible, torrentes de amor mezclados con nervios, no los podía contener y los desahogue en un suspiro, que me dejo sin aliento. El nombre de ese Joven era Antonio.

Luego de unos días, Mercedes intento acercarse a la reina Beatriz para saber se conocía al joven Antonio, pero la señora reina le informó con sonrisa malévola que aquel muchacho era enemigo del reino y si usted, mi señor, se llegase a enterar de ese romance se sentiría muy ofendido. Aunque dicha confesión no impidió que Mercedes acabe con el profundo amor que le tenía a Antonio.


Desde el día que murió mi madre nada volvió a ser igual, ella era una mujer muy bella y protectora de sus hijos, y me sentí muy sola al perderla por eso mi padre decidió casarse con Beatriz para así yo tener un referente materno. Sin embargo, mi relación con Beatriz nunca fue buena siempre pude percibir una hostilidad hacia mi persona y se podía observar que en presencia de mi padre actuaba de una forma y conmigo a solas de otra. A mí no me agradaba nada pero por respeto a mi padre y el amor que le tengo tuve que respetarla hasta el día de hoy.


Caminando por los jardines, mi niña Mercedes me salió con un planteo. Cuando comenzó a hablar me imaginé lo que ocurría ya que el viento de primavera olía a la vez a dulzura y felicidad, y el aire que ella transmitía desbordaba de amor, pero nunca me hubiera imaginado que estaba enamorada de un joven del reino rival. Yo, con ese sentimiento angustiante que sentía en mi barriga debido a este suceso, siendo mi hija, le expliqué que no podía ser posible, ella se tendría que casar con el príncipe Luis, un magnífico muchacho digno de merecerla.


Todos los días se asomaba al balcón de su habitación y observaba el horizonte imaginando ver a su amado cerca de allí y aunque sabía que eso no podía suceder, no dejaba de amarlo.

Esa mañana un mensajero le anunció que su amado había fallecido en el bosque del reino Justo por un sospechoso robo. La noticia había corrido como agua por todo el pueblo y note señor, como ella se quedó en silencio como si la novedad le hubiese quitado la voz para siempre.
Mientras que usted, mi rey, acompañaba el dolor de su hija, la reina Beatriz sonreía maléficamente de nuevo.

Yo sabía que mi padre no permitiría que me case con Luis pero las relaciones diplomáticas lo obligaban a hacer lo “políticamente correcto” y eso me entristecía mucho, pero más me entristeció enterarme por Miguel, el consejero de mi madrastra, que Antonio había muerto, ¿qué fue lo que le pasó?, ¿tuvo algo que ver mi padre? Caminaba dando vueltas alrededor de mi torre tratando de imaginar que todo era un mal sueño, que la persona que falleció era alguien desconocido y no Antonio. Cuesta entender lo injusto de la vida aunque lo confuso me atraviese, pero hay que continuar caminando sobre el sendero. 


Hoy mi hija está preparándose para su boda con el príncipe Luis, su sonrisa tiene el color de un eterno otoño. A mi esposa no el encuentro perturbado por la situación que hemos pasado, en cambio me comenta alegremente el vestido que va a usar para la celebración. Pero yo me pregunto sobre Antonio y su muerte, la carga que lleva el reino por ese asesinato.


Ambos conocían el error de la decisión. Mi señor, el rey, lloraba de tristeza y no de alegría mientras veía a Mercedes desfilar con su vestido blanco sabiendo que aquella sonrisa, la que solía tener cuando niña, jamás volvería a verla.

Mercedes, se desteñía en un océano de lágrimas por su amado muerto, deseando que en esta nueva vida nunca olvide a su eterno amor. Y algo sucedió inesperadamente. Mi señor detuvo la boda, obligó a cancelarla justificando que no quería que su hija sea infeliz por culpa de una decisión política. Se escucha un gran alarido, todos giraron la cabeza en torno a aquella voz, era la reina Beatriz.

Estaba aturdida con lo que ocurría, en un torbellino de voces que entraban en mi cabeza sólo podía distinguir la voz de mi padre suspendiendo la boda, el colérico grito de mi madrastra y de Luis, dudas inundaban mi cabeza, caí desmayada.


Apenas mi hija recuperó la noción, pude explicarle que se descubrió el asesino del pobre joven Antonio. Había sido un complot entre la que yo elegí para darle una figura materna a mi hija y el futuro esposo, esa persona que consideraba digna de merecerla. No cabía en razón ni siquiera para mí enterarme de la avaricia de aquella mujer después de tantos años, me di cuenta que vivía junto al mal. Luego de terminar mi relato ví en sus ojos la luz que siempre tuvo, me abrazó con profundo amor y nos pusimos a llorar.


Desde aquí al presente, Beatriz fue desterrada del reino de Justo y encarcelada junto al príncipe Luis. Mercedes recordó siempre al joven Antonio pero sin embargo pasado unos años conoció a otro hombre bueno con quien formó una familia y asumió el reinado de Justo.

Mi señor Rey, se ha muerto pero no se ha olvidado ya que vive en el corazón de Antonio, su nieto, quien siempre narra la historia sus hijos.

Sucesos


Integrantes: Francisco San Sebastian, David Figini, Felipe Lerner, Nicolas Bistoletti.



Cuándo Francesco Di Balotelli arribó al pueblo de Florencia, en el norte de Italia, lo recibieron con una gran ceremonia de bienvenida dónde toda la gente del pueblo ofrecía recetas familiares, sus valiosas y prestigiosas producciones gastronómicas, animales de excelentes razas, las frutas mas dulces de toda la región, especias y todo tipo de manjares pueblerinos. Luego de la ceremonia los ayudantes del Rey convocaron a Francesco para que se encuentre con la mayor autoridad del lugar. En el jardín del Rey se exhibían fuentes de aguas danzantes, perros corriendo por el prado, guardias uniformados con colores muy llamativos para que los delincuentes que quieran ingresar a esos territorios no duden de que adelante suyo tenían a alguien muy superior y muy bien armados y al final del camino, luego de ser recibido por toda la familia de la grandeza, Di Balotelli, pudo divisar que en el fondo del jardín se asomaban las escaleras del palacio que brillaban por su limpieza y emitían un reflejo tan enceguecedor que llegaba a molestar la vista de cualquier visitante si se detenía tan solo unos segundos para apreciarlo.
Ingresó al palacio, lo recibió Roberto Baggio, el Rey de la región de Florencia. Él le extendió la mano cordialmente y le comunicó que seria complacido en todo momento, le explicó que todo lo que el deseara estaría a su disposición, mientras hablaban, Roberto aprovecho para mostrarle el palacio y no perdía la oportunidad de comentar acerca de sus esculturas y sus hermosas pinturas. Francesco, para no ser menos, mencionaba lo poco que sabia de arte y de esa manera lograba tener aún más prestigio que el ya mencionado.
Ingresé a la habitación de Francesco. Hablé con él de mi problema en Milán, él me apoyó y dijo que haría todo lo posible por resolver todos mis problemas, siempre y cuando este a su alcance y no le requiera mucho tiempo o dinero. Al día siguiente volví a Milán y les comunique a todos mis consejeros y mis comandantes del ejército lo sucedido y lo dialogado con Francesco, ellos se vieron emocionados a medida que les contaba los detalles de lo que habíamos hablado. Los ejércitos y las fuerzas armadas de Florencia se movilizaron el día siguiente hacia las fronteras de nuestra región donde nos amenazaban las tropas del ejército turco-otomano. Esos territorios corrían peligro, los turcos por el norte amenazaban con atacar todo el tiempo, hacían falsas alarmas para asustarnos y mantenernos toda la noche despiertos, pero no podíamos dejar de lado esas alarmas, una de ellas tranquilamente podría dejar de ser una falsa alarma para convertirse en un verdadero ataque El clima en el campamento de batalla era tenso y estresante, se podía oler y respirar el miedo a una invasión de improvisto, ya llevábamos varias noches sin dormir. El hecho de que las tropas vengan a ayudarnos, nos fortaleció psicológicamente preparadnos para cualquier ataque. La mente pensando siempre en la victoria fue nuestro único argumento para afrontar cada batalla, luchar como si el mundo dependiera de uno, recordar la familia en todo momento y ante todo, no tenerle miedo a nada. Contábamos con una excelente alimentación todos los días. En ningún momento pasamos frío, ni un segundo. El único problema fue nuestro poco descanso.
Entonces, la batalla se desató. Una “falsa alarma” no lo fue, dieron la opción de que alcemos la bandera blanca y que otorguemos pacíficamente las tierras; pero eso no se nos pasaba por la cabeza. Finalmente, tras cinco largos días de combate y gracias a la ayuda de Francesco y sus tropas, pudimos vencer al enemigo y así abatir la amenaza constante en nuestras fronteras, quedándonos con lo que nos pertenecía, nuestras tierras.
Francesco y su hijo, Antonio Di Balotelli, nunca consolidaron un buen vínculo de padre e hijo. A medida que Antonio crecía, contrastaban más y más en sus ideales, llego un momento en el que por cualquier tontera se encadenaban discusiones, estas peleas avanzaban brutalmente, hasta que su relación se deterioró. Antonio era una persona muy reservada y se molestaba fácilmente cuando se sentía, por ejemplo, invadido. Pero esta vez, sentía que siempre era menos para el padre, nunca hacía las cosas suficientemente bien para que su padre lo felicite o se sienta orgulloso por su hijo. Él se entrenaba duro, realmente se esforzó para ser soldado de la región de Florencia, defender las fronteras de su hogar. Pero a Francesco no le parecía bien, decía que su hijo no estaba preparado para combatir en las batallas para defender su tierra. En definitiva, nada de lo que hacia Antonio le parecía bien a su padre.
Antonio con ánimo de molestar a su padre, quien prohibió su mayor deseo para el que tantos años había estado preparándose, comenzó a querer relacionarse con personas que estaban en contra de su padre y a entablar relaciones amistosas con ellos, que no parecían tan problemáticos, simplemente pensaban distinto a Francesco. Pero estos hombres no eran amigables y no tenían solo una pequeña diferencia de ideología con Francesco. Gianluca Zambrotta y su amigo Fabio Cannavaro integraban este grupo de personas con las que Antonio compartía casi todo su tiempo. Gianluca tenía una gran cicatriz en el rostro, ocasionada por una pelea con Francesco, esto hacía que el odio sea aun mayor.
Ellos comenzaron a ver la oportunidad inaudita de derrocar a Francesco acercándose cada vez más a Antonio y quitándole mas información de su padre, Antonio no se daba cuenta que todo era una farsa y un pretexto para traicionarlo. Así sucedió aquel homicido y de improviso Antonio fue encarcelado por el supuesto asesinato de su padre y tratar de usurpar el trono, que horas después fue ocupado por Gianluca Zambrotta.

jueves, 16 de agosto de 2012

                                  Otra Historia de Amor

Juan Ignacio Gomes, Ramiro Maslat, Tomas Aleman, Thomas Huljich


                       
Todos quieren ser el protagonista de una historia, y yo que tengo esa suerte, así podría llamarla, no dudaría en sacarme ese peso de encima. Debería bastar con ser princesa de un reino desconocido. Pero, tengo mis problemas.
Hace unas horas, los mas feliz del mundo, ahora, sola y vacía. Supongo que enamorarme de dos personas tiene su precio, y así terminó uno en la cárcel, y el otro, solo, perdido, sin rumbo. Francisco era un joven, del que me enamoré a primera vista, era alto, buen mozo, caballero, pero muy celoso. Nada es perfecto, es por eso que me di cuenta de sus celos cuando ordené que me hagan un retrato. Era tal la forma de expresarse de ese hombre, el artista, que con sus pinceladas y poesías que aclamaba terminó llevándose mi corazón. Desde ese momento mi vida, mas bien mi historia, tomó otro rumbo, en el cual debía decidir sola sin la influencia de nadie, sin olvidarme de quien era esa decisión, pero como bien dije nada es perfecto…

Bernardo, asi se hacia llamar ese inmundo ser del que, ciegamente, me había enamorado. Tuvieron que pasar dos meses para que me diera cuenta de la verdad. Ese tipo solo quería mi dinero, y nada mas, si lo hubiese sabido antes, este problema no existiría.
El fue toda su vida un artista, pintor y escultor, pero al no ser conocido, sus condiciones económicas no eran para nada buenas. Pero lo vi en una feria pintando y me gustó lo que hacia, así que le propuse un trabajo. Y aceptó.
Fue tan prudente y excelso su trabajo que me cautivo…Él sabía lo que hacía, él era perfecto en cada trazo, y sus poesías me sonrojaban mas y mas, él era en si lo ideal. Y se dejó llevar...

Ellos se estaban besando…ya era tarde, y entré al cuarto de arte. Indignado y avergonzado mandé a encarcelar al pintor, que no tuvo palabras ni excusas para defenderse, y fue encerrado., en el calabozo, sin perdon de nada.
Más tarde Analía, se dió cuenta del propósito de Bernardo y se sintió destrozada, además de querer disculparse conmigo, pero yo estaba muy dolido y decidí marcharme, dejando a Analía sola, sin nada, como debería quedarse.

Mi nombre es Francisco de Castilla y era un hombre feliz, en parte lo era hasta aquel día en que mi esposa, la persona que mas amaba y quería decidió traicionarme con un simple amante que lo único que quería era mi riquezas, mi poder y a mi amada. Yo sabía por mis propios medios que mi esposa sentía algo por el pintor. Nunca entendí como una joven tan hermosa como Analía se pudiera fijar en un simple hombre cuyo único propósito en la vida era el de vagar por las calles y sobrevivir.
Mi rol era el de ocuparme de todas las tareas económicas del reino, y también de mi familia. Al ser un poco celoso, solía desconfiar de muchas personas, tanto de este reino como de reinos vecinos. Pero cuando conocí al pintor mis emociones no se contuvieron, sospechaba algo. Sabia que este pintor no era de fiar, por eso es que mientras que el pintor realizaba su trabajo de retratar a mi esposa, me moría de intriga. Fue entonces cuando decidí ir al cuarto de arte, y encontré a Bernardo besando a mi esposa. Me sentí enojado, tan patético, tan iluso al ser engañado en mis propias narices que la violencia me invadió, y con humillación y vergüenza decidí marcharme del reino luego de encarcelar a la rata de Bernardo y dejando sola a la princesa Analía, como debía estar.

jueves, 9 de agosto de 2012


Valanocia - Magalí Sarrugeri, Malena González, Santiago Robles, Santiago Villella y Tomás Laurito
CUENTO DEFINITIVO.
Valanocia.

Miro y lo único que logro ver es a mi pueblo. Un pueblo preocupado, lleno de ansiedad en sus rostros. Todo un pueblo parado frente a mío, observando cada uno de mis movimientos. Sus rostros son lo más llamativo, las calles pierden importancia. Ya nada tiene valor, ellos son los protagonistas de este cuadro, el cuadro que observan mis ojos. Ya nada es como era antes. Mi pueblo me parecía ínfimo, no me importaba demasiado realmente, pero al enterarme de tal noticia, todo cambió.
Una noche en la cual el cielo estaba cubierto de hermosas estrellas brillando en él, Armelino me mandó a llamar por uno de sus sirvientes. Fui de inmediato a su habitación, cumpliendo el rol de mano derecha del rey de la mejor manera posible, estando siempre presente. Al llegar lo encontré destrozado… Ese día recibió la noticia. “Nervios, inquietud, algo de tristeza… muchos sentimientos y sensaciones se mezclan dentro de mí en este momento” me dijo, y no supe qué responder, más que un “lo voy a extrañar señor, siempre estaré a su merced”. He compartido prácticamente toda mi vida con él y nunca creí que vería a mi señor llorar, pero unas suaves gotas recorrieron su entristecido y demacrado rostro. Eso me hizo caer en la realidad.
Edgardo, mi fiel compañero, mi mano derecha, me contuvo, pero no logró quitar mis penas. Ahora pienso formas de contarle a mi pueblo lo sucedido, y lo que sucederá, pero no encuentro la manera de hacerlo. 
El rey Armelino Rossi nunca reúne al pueblo sin previo aviso, por lo cual todos se movilizaron con rapidez hacia la plazoleta en la cual él siempre los convoca.
  Un fuerte murmullo invade las calles, algunas personas se visten de gala, mientras otras  simplemente se visten de forma casual para ir a oír al rey de manera inmediata al llamado. Las calles llenas de gente; el suelo, invisible, lo único que se reconoce son personas… personas acercándose al lugar en el cual el rey se encuentra, intentando llegar para escuchar sus palabras.
Esta es mi oportunidad. Al fin ser la hija del rey es algo positivo en mi vida. Debo admitir que la noticia me entristeció por unos minutos, pero rápidamente noté que esto cambiará mi vida. La tan esperada noticia me abrirá las puertas a un mundo nuevo.
No pienso un reino sin él, pero más que su partida o su fin, como quieran llamarlo,  me preocupa la llegada de una nueva reina, Isabella Rossi, la hija de mi amado rey, quien no tiene ni una mínima noción de cómo reinar a un pueblo, va a tener el control. “¿Qué será del reino de Valanocia?”, dijo, y al igual que cuando me contó la trágica noticia, no supe qué responder.
¿Cómo debe reaccionar una persona al saber que le quedan pocos días de vida? ¿Cómo enfrentar un momento tan terrible? Son preguntas que me hago, y no logro hallar respuesta. Nunca pensé que teniendo tan solo cincuenta años iba a llegar mi fin. No soy un anciano, pero mi enfermedad destruyó todas mis ilusiones. En mi mente resuena esa frase: “Le quedan tan solo unos pocos días de vida”. El médico fue muy duro conmigo, pero así lo quise. Espero que mi hija cumpla con sus promesas y siga mis pasos, de no ser así, Valanocia no podrá sobrellevar este momento.
Se oye un murmullo general, el pueblo comienza a intranquilizarse. El rey se adelanta y se acerca lo máximo posible a la gente. ¿Por qué tanta intriga?
Justo en el momento Armelino decide qué decir y levanta sus manos para saludar al pueblo, cae; golpe seco de su cuerpo contra el suelo. Su corazón calló. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

3er borrador : "El último discurso"






Integrantes del grupo: Marina De Lima, Sofía Derrossi y Valeria Silva                                        

                                          3er BORRADOR: El último discurso

Oía voces en su interior, no lo dejaban en paz, siempre estaban con él. Fue tan rápido que no se bien por donde empezar. Su mente había creado una imagen clara sobre lo que querían que él haga. Ya no reconocía a mi amigo, dicen que él estaba así porque lo habían maldecido y no dudo a haya sido el mismo rey, quien no lo quería para nada. En fin, lo hizo, y ahora se encontraba allí, sin saber que hacer sentado con su pluma en la mano y una hoja a punto de escribir.
…No sé porque decidí empezar a escribir, tal vez es el único consuelo que tengo aquí dentro, tal vez muchos lo tomaran como un reclamo, un estilo de reproche, no lo sé. Lo único que puedo decir es que si hago esto es porque realmente quiero aclarar las cosas, sino me marcharé con una gran culpa dentro de mí. Quiero que se enteren porque las cosas fueron así, y que el día de mañana quede en la historia como una persona más y no como un loco. Espero que me entiendan.
Desde que tengo memoria los conozco. Jugábamos siempre juntos, nuestra amistad era inmensa, los quería a ambos como verdaderos hermanos, más que amigos. Él era mi compañero de todas mis aventuras y ella también, aunque tal vez de niña no era tan femenina como todos se esperan de una princesa, pero recuerdo como me miraba, con ternura. Sabía que me quería.
El tiempo paso, nos hicimos adultos juntos, pero fue aquí donde reconozco que todo cambio para siempre. Mi mejor amigo, Martín, comenzó a comportarse de una manera muy rara conmigo después de que le confesé que sentía algo más por Isabella. Ella había crecido y no podía decir otra cosa más que me cautivo. Mi amigo, por empezar lo tomó bien, me apoyó, me aconsejó y cuando tomé la valentía de decirle la verdad a Isabella, mi cariño por ella se esfumó. Tenía las esperanzas de una vida con la princesa, pero después de verla con él todo para mí cayó, un odio repentinamente se apoderó de mí. Es imposible de explicar la ira que sentía, la decepción que me había causado ver aquella traición por parte de dos personas a las que conocía de toda la vida. Llegué a su castillo, era raro, tenia una construcción muy insólita y cada vez que lo veía me daba curiosidad saber porque era así, pero al fin y al cabo se puede decir que se autentificaba con ella, ambos eran únicos, eran distintos a los demás y eso me encantaba. En la planta alta vi que estaban ella y Martín, muy juntos. Al ver esto, sentí decepción, él me traicionaba. Me oculté, ya que su padre estaba allí, y al parecer no le caía muy bien. Acercándome a unos sirvientes que estaban allí, les pedí que escucharan lo que hablaban a cambio de dinero. Aceptaron y al bajar me dijeron que él quería una vida junto a ella e Isabella no lo rechazó. En ese instante salí corriendo, no podía creer lo que me habían dicho, me sentí abandonado pero no del todo, había algo que aun me acompañaba. Al cabo de unas horas Martín me encontró, me saludo con un abrazo al que le sentí mucha frialdad, lo mire a los ojos y vi como su traición  y mi odio hacia él invadían mi cuerpo. Hablamos normalmente pero cuando se fue sabía lo que tenia que hacer…

Su mirada, simplemente su mirada era lo que a él le había cautivado, si señor eso pasaba. Esas voces y esos malos pensamientos se transformaron en una nube gris que pasaba sobre su mente, déjeme explicarle a usted: los sirvientes que le dijeron eso eran mandados por el padre de Isabella, ya que nunca lo había querido a Felipe cerca de su hija.
Felipe comenzó a inquietarse, se le dificultaba escuchar a los demás, pero estaba decidido. Se animó. Se puso de pie y caminó lentamente hacia donde las voces lo dirigían, hacia el castillo de Isabella.

…La noche cayó. No podía aceptar lo que había pasado, así que llegue a la habitación donde Isabela dormía, tan delicada, tan linda, tan sencilla como siempre, me quede inmóvil al verla y me pregunté ¿Es esto realmente lo que quiero hacer? ¿Por qué quería hacerle daño a alguien a quien amaba? A lo lejos vi que Martín llegaba y recordé porque estaba allí, cual era mi objetivo. Esparcí lo mas rápido que pude el combustible y provoqué un incendio. Todo ardía, un ruido infernal se hizo en mi mente pero debo confesar que un alivio, una fortaleza, una seguridad de repente creció en mí. Corrí lo más que pude mientras reía solo. Después de esto no recuerdo más…
Un ruido volvió a escucharse pero esa vez no fueron las voces. Éstas habían callado ya. Soldados lo rodeaban. Felipe estaba inmóvil, no sabían si estaba muerto o vivo. Se calmó, volvió a ser aquel que era, lo vi en sus ojos. Me pone mal leer todo lo que escribe pero bueno, hay que seguir.
…Cuando abrí mis ojos me encontraba rodeado de soldados, y a lo lejos vi a Isabella mirándome agriamente. Su mirada expresaba rechazo, odio hacia mí, y detrás de ella estaba Martín. Los soldados me agarraron y eh aquí donde estoy, en la cárcel del castillo de Isabella. Hace un rato recibí la visita de Martín. Hace días que estoy aquí y prácticamente cada tres horas lo veo llegar. Con él ahora esta todo bien, el rencor por mi parte se fue, pero parece que la culpa por su parte no. Hay cosas que Martín no sabe.
 Aun no puedo creer en lo que se transformó Isabella, no entiendo por qué me hace esto, no lo entiendo, pero lo que si sé es que una vez que pase todo, todos se enterarán de lo que ocurrió. No le deseo el mal, yo solo la quería y es por eso que hice lo que hice, pero al parecer ella no lo entiende, quedan minutos solamente.
Escucho el ruido de los guardias, ahí vienen marchando al mismo ritmo, todos a la vez. Isabella a lo lejos como siempre con su mirada hacia mí. Recordé su mirada de pequeña y no era mas la persona que yo creía, no la reconozco, no se quien es. Allí voy, me dirijo hacia el fin. Fui condenado a la orca por pedido de ella, espero que después de esto su mirada vuelva a ser tierna, dulce y encantadora como la vez que descubrí que estaba enamorado de ella. Se abren las puertas, llegó la hora, y eh aquí que retumba un gran silencio…

Así fue para sorpresa de Felipe. Lo encontraron, lo arrastraron hacia la cárcel. No pude mirarlo, entienda usted como me sentía. No me explico, pero sabía lo que había pasado, lo entendía, él no quiso hacerlo, para Felipe ella lo traicionó, pero no fue así. Isabella no lo mandó a la orca, fue su padre quien lo mandó, el mismo que maldijo a Felipe el día que nació. Según la madre del condenado, el rey estaba furioso por el abandono de esta, que había tenido un hijo con otro hombre. Sí, al parecer la madre de Felipe había tenido un amorío con el rey pero le prohibió mantener una relación con un hijo que no era suyo,  me lo ha contado ella misma hace un par de días, mientras no paraba de llover el día de su condena. La tarde se había ido, él estaba sentado escribiendo, las nubes grises y bajas en el cielo oscuro hicieron acto de presencia, la lluvia comenzó como sabiendo de lo ocurrido y quizás intentando borrar esas voces que se presentaron en Felipe, el rencor y tristeza del rey, todo lo que había ocurrido. Es por esto que pido que esta historia sea escrita y publicada señor. Es un relato verdadero, tenemos éste relato escrito por él mismo, ¿que esperamos?, mañana puede ser demasiado tarde ¿o es que usted no se da cuenta?          
Martín veía como su amigo al fin y al cabo, después de todo, había logrado lo que quería: quedar en la historia como un grande y no como simplemente uno más. Al anochecer él había soñado con su amigo, y con una mirada calma, en paz le decía gracias. Hoy Felipe ya no está, pero Martín se encargó de que saliera de aquella asquerosa prisión que oprimía su corazón y su libertad y consiguió que esta historia sea contada para que todos vean quién fue Felipe y así sacarse  la pena que tenía por lo sucedido. Ambos se volvieron a unir como verdaderos hermanos, más que amigos, y eh aquí como muchos pueden leer esta increíble historia que marcó la vida de estos dos hermanos del corazón.

miércoles, 1 de agosto de 2012

3° Borrador - Agustina y Paula

Desenlazo 

El sol ya asomaba por el oeste para inundar Belvedere con sus brillos jugosos. Los campos emanaban un verde desgastado proveniente de los pastos, que se presentaban de forma irregular. En algunos lugares parecían abundantes y en otros eran reemplazados por un polvillo marrón y húmedo por el rocío de la mañana, que no parecía secarse jamás.
El viento estaba embravecido. Al principio creí que era de esos pasajeros pero luego noté que su destino estaba aquí. Las montañas parecían prohibirle el paso mientras éste buscaba herir, formar una grieta que le permitiera introducirse por completo en Belvedere.
En la cima de las montañas comenzaba el camino de los ríos de leche que reptaban recorriendo toda la pendiente hasta llegar al encuentro con los pastos, para allí formar un oasis.
Aquella mañana el cielo vestía un azul débil, aún esperaba que cayera la tarde y el sol lo bañara de un color que lo identificara.
Me encontraba en mi habitación. La luz tenue entraba por la ventana y alumbraba justo en la mitad de la cama.  A la derecha, en la mesa de luz, reposaba un vaso. A mi izquierda, la ventana. Al frente se encontraba una biblioteca con varios estantes, la mayoría, vacíos. El resto no eran más que papeles y lapiceros. Atrás mío colgaba un calendario y todos los días tenían anotaciones, deberes.



Sol. Sol oculto en las nubes. Nubes que dejan pasar la luz y que entre sí se rozan como campanas, siendo la humedad fría su melodía. Melodía que avisa; por más sol, la clave es la lluvia.
Me levanté y con paso somnoliento me dirigí al balcón para absorber el aire virgen y fresco de la mañana. Estaba por apoyarme en la baranda cuando por un momento temí que el mármol estuviera particularmente frío y dejándome llevar por ese instinto, hice a un lado mi costumbre matutina para dar paso a otras tareas.
En el piso inferior había olvidado mi lazo morado por lo que mi coquetería me llevó a la escalera y sin apuro empecé a descender.
Ya había bajado unos siete escalones cuando un golpe en el pecho me dejó sin aliento. Fue como si una manada de hienas me quisiera empujar hasta hacerme chocar contra el mirador que había evitado unos minutos antes. Poco a poco el dolor fue cesando y luego de tomar aire seguí en pos de mi objetivo. De pronto, fugaz y filosa como un rayo, una ráfaga de viento cortó el tiempo y se desató la tormenta. El lazo se impregnó de gotitas y gotitas, se inundó, se vistió de luto. Si hubiese estado Rodolfo, ávido jugador de ajedrez, “jaque” hubiese dicho.  Pensé en él, el día anterior, acostado en su cama moviendo rápido los ojos y susurrando a duras penas: -veo la vida fulera. Tenía que irme antes de que oscureciera así que lo besé rápidamente en la comisura de sus labios y me fui.
Y es que no pude buscarlo, viajar la escalera con el llanto empapándome el cuerpo, sólo di media vuelta, subí lo ya recorrido, abrí la puerta y me encerré para no salir.
¿Qué haría yo sin ese lazo, que a veces hasta sentía que era lo único que me ataba a ese suelo inestable, así cuadriculado blanco y negro, así de parecido a un tablero de ajedrez, juego que nunca entendí porque no tenía tiempo para jugar, y qué haría yo sin ese lazo?
Llora el cielo, por más melodía, la clave es el llanto. Clave que avisa siendo la humedad fría su sol, sol oculto en las nubes. Nubes que dejan pasar la luz y que entre sí se rozan como campanas. Y qué haría yo sin ese lazo.


Lo que realmente me ataba aquí era el juego. Solía tenerlo completo: 2 reyes, 2 reinas, 4 torres, 4 alfiles, 4 caballos, 16 peones y un tablero que parecía encantador. 
Los destruí a todos. Primero a los caballos. No me costó, no me dolió. Continué jugando varios años. Luego los afiles empezaron a molestarme y los pisé hasta que la fractura fue irreversible. 
El destruir se hizo rutina, ya le encontraba el gusto a idear nuevas formas para echar abajo la madera tan atractivamente pulida y barnizada. Casi parecía linda, pero más tarde se hacía obvio que era sólo pino.
Ayer me encontré con el tablero y la reina. Nos miramos en una suerte de despedida. Jamás había aprendido a jugar, la reina. Sin el resto de las piezas era frágil, tanto que de un leve soplido el viento se la llevó.
Con respecto al tablero ya nada se deslizaba por sus cuadrículas y hasta él ya había perdido la gracia. Sin embargo lo traje conmigo hasta aquí. Esto no da para más. Probé y probé todo pero nada me nutrió, nada me hizo temblar. Me acuerdo del día que me hablaron de lo dorado que era el tiempo. Se miente, no hay tal brillo, más que esplendor tiene miedo y poco a poco se hace frío y cuando pasa eso se petrifica. miré y miré desde el mirador que se mira y vi que no veo lo que no se puede ver.
acá, ahora, ya nada me sostiene, no tengo suelo. arriba estoy y me devoraría todo en la punta como la de mi lengua que se ahoga y enreda en el grito de la vida misma, colándose entre los huesos vibrando las venas explotando el sollozo que agita las dudas y me crispa los pelos, brotándome. dejé de percibir o comencé a ver otras cosas como el silencio, el vacío, los espacios en .
fui desgarrando al amor hasta encontrarlo y ver qué escondía. apenas lo mastiqué: azúcar y placer. y más tarde miré a belvedere y la hundí con sus puertas siempre cerradas que no me dejaban encontrarme. no puedo acariciar la montaña, no puedo recostarme en el verde. yo sí se jugar, pero ya no encuentro un lugar para hacerlo mi cuerpo suena hueco el tiempo sabe a nada la tierra no se toca el juego no se juega. algo me tira y voy a ceder, que por un instante el cuerpo sea más liviano que el tiempo y quede suspendido en el aire y no haya tiempo y luego tampoco cuerpo. que yo me voy.

Cuando se alzó la tormenta el agua se filtró por las grietas que dividían el negro del blanco. Poco a poco la madera se volvía blanda, se desarmaba, lo desarmaba.
El tablero se desintegró. 

Finalmente el viento se coló entre las montañas, ya desgastadas por los esfuerzos y las hojas del calendario empezaron a levantarse. 
Los ríos cambiaron de curso. Violentamente descendieron a lo largo de las laderas arrastrando consigo los oasis, los pastos, el rocío, y atravesaron el campo provocando estruendos en todo Belvedere. Parecía que hubiesen encontrado su verdadero sentido, su verdadera dirección, su verdadera fuerza. El suelo era tormenta.
El sol se ocultó casi por completo y el cielo se tiñó de gris con un dejo verde. Aunque se lo veía escandalizado, sentía que ese color por fin lo representaba.
A los pocos segundos se oyó un grito y comenzó a llover. Ahora el cielo también era tormenta.
Mi habitación comenzó a verse invadida por el agua, así que me quité las frazadas y puse mis pies sobre el suelo. No tuve tiempo de estirarme, me vi obligado a cerrar la ventana, las lluvias comenzaban a mojar mi cara. Caminé unos pasos y luchando contra el viento que apenas me dejaba entreabrir los ojos, la cerré.