La mitad de un genocida cambia de mano. Un espejo, una afeitadora, nada de sangre. Cortar ¡jamás! Se respira fuerte, y la cara se siente fresca. Belgrano se desenvuelve mejor mientras el agua fluye. La Pichi y el Chicho, por dos pesos, juntos en Mitre parecen taiga, y como esta, ellos arden juntos por primera vez en casi dos años. No les dan los agudos.
Pachuli, Yiya, La Pichi y El Chicho, agua, fuego. Caminar ya no cuesta. Se lleva lo que se tiene puesto, parar no se puede, hay que llegar como sea.
Los ojos todo lo ven: luces, caras, viento...parece un resfrío. El viaje es duro, pero rápido. Allá están La Pichi y El Chicho, allí esta El Pachuli, La Yiya no vino. Todos desaparecen con el tiempo. Por dormir, un aplauso.
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