Observaba el bello paisaje de mi reino cuando todo se tornaba gris. Aquel día lo recuerdo como si fuera ayer. Mi hija, mi diminuta niña, la princesa Mercedes se ubicaba en la parte de arriba de la pequeña glorieta que estaba en el castillo. Ella era muy bonita, su belleza resplandeciente hacía que todos los muchachos del reino estuviesen a sus pies. Con los brazos me llamó para que me acercara a hablar mientras caminábamos juntos por los jardines del palacio, como cuando era una niña, que con tan solo una sonrisa podría calmar mis penas y preocupaciones.
Oh mi señor, los días en los que vivía la esposa del rey y madre de Mercedes eran de paz y armonía en el reino. Éste no tenía rivalidades ni tampoco algún tipo de conflicto, pero todo cambió cuando usted, mi señor, se comprometió con Beatriz. El reino Justo, y Mercedes comenzaron a decaer cual cabello de anciano, el primero se llenó de violencia y asolamiento, y su hija, mi rey, de tristeza.
Mi padre era un hombre muy estructurado y tradicional. Siempre quiso que me casara con Luis, un príncipe de un reino cercano, por que lo veía como buen candidato para rey y futuro padre de familia. Sin embargo, una tarde de abril volviendo del cementerio, me crucé con un caballero muy apuesto, valiente e inteligente. Nunca había sentido algo así. Fue un sentimiento indescriptible, torrentes de amor mezclados con nervios, no los podía contener y los desahogue en un suspiro, que me dejo sin aliento. El nombre de ese Joven era Antonio.
Luego de unos días, Mercedes intento acercarse a la reina Beatriz para saber se conocía al joven Antonio, pero la señora reina le informó con sonrisa malévola que aquel muchacho era enemigo del reino y si usted, mi señor, se llegase a enterar de ese romance se sentiría muy ofendido. Aunque dicha confesión no impidió que Mercedes acabe con el profundo amor que le tenía a Antonio.
Desde el día que murió mi madre nada volvió a ser igual, ella era una mujer muy bella y protectora de sus hijos, y me sentí muy sola al perderla por eso mi padre decidió casarse con Beatriz para así yo tener un referente materno. Sin embargo, mi relación con Beatriz nunca fue buena siempre pude percibir una hostilidad hacia mi persona y se podía observar que en presencia de mi padre actuaba de una forma y conmigo a solas de otra. A mí no me agradaba nada pero por respeto a mi padre y el amor que le tengo tuve que respetarla hasta el día de hoy.
Caminando por los jardines, mi niña Mercedes me salió con un planteo. Cuando comenzó a hablar me imaginé lo que ocurría ya que el viento de primavera olía a la vez a dulzura y felicidad, y el aire que ella transmitía desbordaba de amor, pero nunca me hubiera imaginado que estaba enamorada de un joven del reino rival. Yo, con ese sentimiento angustiante que sentía en mi barriga debido a este suceso, siendo mi hija, le expliqué que no podía ser posible, ella se tendría que casar con el príncipe Luis, un magnífico muchacho digno de merecerla.
Todos los días se asomaba al balcón de su habitación y observaba el horizonte imaginando ver a su amado cerca de allí y aunque sabía que eso no podía suceder, no dejaba de amarlo.
Esa mañana un mensajero le anunció que su amado había fallecido en el bosque del reino Justo por un sospechoso robo. La noticia había corrido como agua por todo el pueblo y note señor, como ella se quedó en silencio como si la novedad le hubiese quitado la voz para siempre.
Mientras que usted, mi rey, acompañaba el dolor de su hija, la reina Beatriz sonreía maléficamente de nuevo.
Yo sabía que mi padre no permitiría que me case con Luis pero las relaciones diplomáticas lo obligaban a hacer lo “políticamente correcto” y eso me entristecía mucho, pero más me entristeció enterarme por Miguel, el consejero de mi madrastra, que Antonio había muerto, ¿qué fue lo que le pasó?, ¿tuvo algo que ver mi padre? Caminaba dando vueltas alrededor de mi torre tratando de imaginar que todo era un mal sueño, que la persona que falleció era alguien desconocido y no Antonio. Cuesta entender lo injusto de la vida aunque lo confuso me atraviese, pero hay que continuar caminando sobre el sendero.
Hoy mi hija está preparándose para su boda con el príncipe Luis, su sonrisa tiene el color de un eterno otoño. A mi esposa no el encuentro perturbado por la situación que hemos pasado, en cambio me comenta alegremente el vestido que va a usar para la celebración. Pero yo me pregunto sobre Antonio y su muerte, la carga que lleva el reino por ese asesinato.
Ambos conocían el error de la decisión. Mi señor, el rey, lloraba de tristeza y no de alegría mientras veía a Mercedes desfilar con su vestido blanco sabiendo que aquella sonrisa, la que solía tener cuando niña, jamás volvería a verla.
Mercedes, se desteñía en un océano de lágrimas por su amado muerto, deseando que en esta nueva vida nunca olvide a su eterno amor. Y algo sucedió inesperadamente. Mi señor detuvo la boda, obligó a cancelarla justificando que no quería que su hija sea infeliz por culpa de una decisión política. Se escucha un gran alarido, todos giraron la cabeza en torno a aquella voz, era la reina Beatriz.
Estaba aturdida con lo que ocurría, en un torbellino de voces que entraban en mi cabeza sólo podía distinguir la voz de mi padre suspendiendo la boda, el colérico grito de mi madrastra y de Luis, dudas inundaban mi cabeza, caí desmayada.
Apenas mi hija recuperó la noción, pude explicarle que se descubrió el asesino del pobre joven Antonio. Había sido un complot entre la que yo elegí para darle una figura materna a mi hija y el futuro esposo, esa persona que consideraba digna de merecerla. No cabía en razón ni siquiera para mí enterarme de la avaricia de aquella mujer después de tantos años, me di cuenta que vivía junto al mal. Luego de terminar mi relato ví en sus ojos la luz que siempre tuvo, me abrazó con profundo amor y nos pusimos a llorar.
Desde aquí al presente, Beatriz fue desterrada del reino de Justo y encarcelada junto al príncipe Luis. Mercedes recordó siempre al joven Antonio pero sin embargo pasado unos años conoció a otro hombre bueno con quien formó una familia y asumió el reinado de Justo.
Mi señor Rey, se ha muerto pero no se ha olvidado ya que vive en el corazón de Antonio, su nieto, quien siempre narra la historia sus hijos.
Resulta desleal cambiar las reglas a mitad del juego: vengo leyendo lo elaborado por un grupo de tres integrantes y, sorprendente, el día de la entrega definitiva aparecen cuatro miembros. Es una lástima que después de haber cumplido con todos los pasos aflojaran al final. Creo que esto amerita una conversación en forma personal.
ResponderEliminarSi bien esta instancia pone punto final a la actividad, no lo hace con el trabajo de reescritura sobre el texto, ya que, si quieren, hay mucho todavía que puede mejorar. Ojalá tengas las ganas y el entusiasmo, porque a escribir se aprende escribiendo.
Nota final: 7 (siete)