Integrantes
del grupo: Marina De Lima, Sofía Derrossi y Valeria Silva
3er BORRADOR: El último
discurso
Oía voces en su interior, no lo
dejaban en paz, siempre estaban con él. Fue tan rápido que no se bien por donde
empezar. Su mente había creado una imagen clara sobre lo que querían que él
haga. Ya no reconocía a mi amigo, dicen que él estaba así porque lo habían
maldecido y no dudo a haya sido el mismo rey, quien no lo quería para nada. En
fin, lo hizo, y ahora se encontraba allí, sin saber que hacer sentado con su
pluma en la mano y una hoja a punto de escribir.
…No sé
porque decidí empezar a escribir, tal vez es el único consuelo que tengo aquí
dentro, tal vez muchos lo tomaran como un reclamo, un estilo de reproche, no lo
sé. Lo único que puedo decir es que si hago esto es porque realmente quiero aclarar
las cosas, sino me marcharé con una gran culpa dentro de mí. Quiero que se
enteren porque las cosas fueron así, y que el día de mañana quede en la
historia como una persona más y no como un loco. Espero que me entiendan.
Desde que
tengo memoria los conozco. Jugábamos siempre juntos, nuestra amistad era
inmensa, los quería a ambos como verdaderos hermanos, más que amigos. Él era mi
compañero de todas mis aventuras y ella también, aunque tal vez de niña no era
tan femenina como todos se esperan de una princesa, pero recuerdo como me
miraba, con ternura. Sabía que me quería.
El tiempo
paso, nos hicimos adultos juntos, pero fue aquí donde reconozco que todo cambio
para siempre. Mi mejor amigo, Martín, comenzó a comportarse de una manera muy
rara conmigo después de que le confesé que sentía algo más por Isabella. Ella
había crecido y no podía decir otra cosa más que me cautivo. Mi amigo, por
empezar lo tomó bien, me apoyó, me aconsejó y cuando tomé la valentía de decirle
la verdad a Isabella, mi cariño por ella se esfumó. Tenía las esperanzas de una
vida con la princesa, pero después de verla con él todo para mí cayó, un odio
repentinamente se apoderó de mí. Es imposible de explicar la ira que sentía, la
decepción que me había causado ver aquella traición por parte de dos personas a
las que conocía de toda la vida. Llegué a su castillo, era raro, tenia una
construcción muy insólita y cada vez que lo veía me daba curiosidad saber
porque era así, pero al fin y al cabo se puede decir que se autentificaba con
ella, ambos eran únicos, eran distintos a los demás y eso me encantaba. En la
planta alta vi que estaban ella y Martín, muy juntos. Al ver esto, sentí
decepción, él me traicionaba. Me oculté, ya que su padre estaba allí, y al
parecer no le caía muy bien. Acercándome a unos sirvientes que estaban allí,
les pedí que escucharan lo que hablaban a cambio de dinero. Aceptaron y al
bajar me dijeron que él quería una vida junto a ella e Isabella no lo rechazó.
En ese instante salí corriendo, no podía creer lo que me habían dicho, me sentí
abandonado pero no del todo, había algo que aun me acompañaba. Al cabo de unas
horas Martín me encontró, me saludo con un abrazo al que le sentí mucha
frialdad, lo mire a los ojos y vi como su traición y mi odio hacia él invadían mi cuerpo.
Hablamos normalmente pero cuando se fue sabía lo que tenia que hacer…
Su mirada,
simplemente su mirada era lo que a él le había cautivado, si señor eso pasaba.
Esas voces y esos malos pensamientos se transformaron en una nube gris que
pasaba sobre su mente, déjeme explicarle a usted: los sirvientes que le dijeron
eso eran mandados por el padre de Isabella, ya que nunca lo había querido a
Felipe cerca de su hija.
Felipe
comenzó a inquietarse, se le dificultaba escuchar a los demás, pero estaba
decidido. Se animó. Se puso de pie y caminó lentamente hacia donde las voces lo
dirigían, hacia el castillo de Isabella.
…La noche cayó. No podía aceptar lo
que había pasado, así que llegue a la habitación donde Isabela dormía, tan
delicada, tan linda, tan sencilla como siempre, me quede inmóvil al verla y me
pregunté ¿Es esto realmente lo que quiero hacer? ¿Por qué quería hacerle daño a
alguien a quien amaba? A lo lejos vi que Martín llegaba y recordé porque estaba
allí, cual era mi objetivo. Esparcí lo mas rápido que pude el combustible y
provoqué un incendio. Todo ardía, un ruido infernal se hizo en mi mente pero
debo confesar que un alivio, una fortaleza, una seguridad de repente creció en
mí. Corrí lo más que pude mientras reía solo. Después de esto no recuerdo más…
Un ruido volvió a escucharse pero esa
vez no fueron las voces. Éstas habían callado ya. Soldados lo rodeaban. Felipe
estaba inmóvil, no sabían si estaba muerto o vivo. Se calmó, volvió a ser aquel
que era, lo vi en sus ojos. Me pone mal leer todo lo que escribe pero bueno,
hay que seguir.
…Cuando abrí mis ojos me encontraba
rodeado de soldados, y a lo lejos vi a Isabella mirándome agriamente. Su mirada
expresaba rechazo, odio hacia mí, y detrás de ella estaba Martín. Los soldados
me agarraron y eh aquí donde estoy, en la cárcel del castillo de Isabella. Hace
un rato recibí la visita de Martín. Hace días que estoy aquí y prácticamente
cada tres horas lo veo llegar. Con él ahora esta todo bien, el rencor por mi
parte se fue, pero parece que la culpa por su parte no. Hay cosas que Martín no
sabe.
Aun no puedo creer en lo que se transformó
Isabella, no entiendo por qué me hace esto, no lo entiendo, pero lo que si sé
es que una vez que pase todo, todos se enterarán de lo que ocurrió. No le deseo
el mal, yo solo la quería y es por eso que hice lo que hice, pero al parecer
ella no lo entiende, quedan minutos solamente.
Escucho el
ruido de los guardias, ahí vienen marchando al mismo ritmo, todos a la vez.
Isabella a lo lejos como siempre con su mirada hacia mí. Recordé su mirada de
pequeña y no era mas la persona que yo creía, no la reconozco, no se quien es.
Allí voy, me dirijo hacia el fin. Fui condenado a la orca por pedido de ella,
espero que después de esto su mirada vuelva a ser tierna, dulce y encantadora
como la vez que descubrí que estaba enamorado de ella. Se abren las puertas,
llegó la hora, y eh aquí que retumba un gran silencio…
Así fue para sorpresa de Felipe. Lo
encontraron, lo arrastraron hacia la cárcel. No pude mirarlo, entienda usted
como me sentía. No me explico, pero sabía lo que había pasado, lo entendía, él
no quiso hacerlo, para Felipe ella lo traicionó, pero no fue así. Isabella no
lo mandó a la orca, fue su padre quien lo mandó, el mismo que maldijo a Felipe
el día que nació. Según la madre del condenado, el rey
estaba furioso por el abandono de esta, que había tenido un hijo con otro
hombre. Sí, al parecer la madre de Felipe había tenido un amorío con el rey pero
le prohibió mantener una relación con un hijo que no era suyo, me lo ha contado ella misma hace un par de
días, mientras no paraba de llover el día de su condena. La tarde se había ido,
él estaba sentado escribiendo, las nubes grises y bajas en el cielo oscuro
hicieron acto de presencia, la lluvia comenzó como sabiendo de lo ocurrido y
quizás intentando borrar esas voces que se presentaron en Felipe, el rencor y
tristeza del rey, todo lo que había ocurrido. Es por esto que pido que esta
historia sea escrita y publicada señor. Es un relato verdadero, tenemos éste
relato escrito por él mismo, ¿que esperamos?, mañana puede ser demasiado tarde
¿o es que usted no se da cuenta?
Martín veía como su amigo al fin y al
cabo, después de todo, había logrado lo que quería: quedar en la historia como
un grande y no como simplemente uno más. Al anochecer él había soñado con su
amigo, y con una mirada calma, en paz le decía gracias. Hoy Felipe ya no está,
pero Martín se encargó de que saliera de aquella asquerosa prisión que oprimía
su corazón y su libertad y consiguió que esta historia sea contada para que
todos vean quién fue Felipe y así sacarse la pena que tenía por lo sucedido. Ambos se
volvieron a unir como verdaderos hermanos, más que amigos, y eh aquí como
muchos pueden leer esta increíble historia que marcó la vida de estos dos
hermanos del corazón.
Si bien esta instancia pone punto final a la actividad, no lo hace con el trabajo de reescritura sobre el texto, ya que, si quieren, hay mucho todavía que puede mejorar. Ojalá tengan las ganas y el entusiasmo, porque a escribir se aprende escribiendo.
ResponderEliminarTrabajaron mucho, no se dieron por vencidas, estuvieron atentas a las correcciones y a los plazos de entrega y lograron un producto digno que disfruté leyendo.
se mantienen errores en tiempos verbales, puntuación, ortografía.
Nota: 7 (siete)