jueves, 31 de octubre de 2013

Acassuso, una obra de teatro que no necesita ser actuada.

Sábado 17 de Marzo de 2007

 Acassuso, una obra de teatro que no necesita ser actuada

Realidad que simula al teatro. Ayer se estrenó la obra de Rafael Spregelburd

 Isaac Bradbury
cronicasdelafundacion@diariox.com


     Rafael Spregelburd decidió, quizas a propósito, quizás de casualidad, hacer del día a día una obra de teatro. Situada en una escuelita en Merlo, la realidad educativa diaria exterior a los grandes centros urbanos se explaya divirtiendo -para no horrorizar- a docentes, directivos y toda la comunidad con una satirización de sus propios problemas, y a la gente le gusta. Les gusta porque saben que es una burla amistosa, una burla que también muestra apoyo, una burla como crítica a los responsables de que la obra se traduzca en verdad.
     -"No suelo trabajar con lo real e inmediato, me interesa la ficción. Pero vivimos en un país en el que la realidad ofrece ejemplos más sabrosos que la imaginación", -asegura el autor, y es que éste no es un trabajo como cualquiera para él. Embebido en la globalización de su vida, escribir sobre un grupo de personas que de equipo tiene poco tratando de hacer subsistir a una escuela a toda costa -incluso si la escuela misma pierde el sentido de educar- lo enfrenta a la cotideaneidad de lo ajeno, y en esa cotideaneidad reside la máxima fortaleza del drama.
     Acassuso no son escenografías logradas, ni vestuarios ni actores de renombre. Son tres Susanas, cuatro Martas (dentro de ellas, una Martita), Delia, Gladys, Edgar y Nahuel, viendo cómo hacer para que la plata alcance para todo, y algunos caprichos. Acassuso es el robo al Banco Río. La admiración prohibidamente libre que despertaron los ladrones. Acassuso es disparatadamente real.
     En principio, Acassuso es, y merece ser por un buen tiempo, porque un personaje puede tardar en recordar una línea, puede fallar un objeto de la escenografía que se cae cuando no debiera, puede alguien del público toser y tapar un diálogo. Puede fallar la obra, porque la obra en sí es una gran falla: la falla de ésta, y, como ésta, tantas otras escuelas, la falla de un discurso de educación que no convence, la falla de la realidad.

     En barrio de ricachones, sin armas ni rencores. Es sólo plata, no amores.

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