Lamentablemente, las personas son capaces de hacer (o de no hacer) cualquier cosa, para resaltar o en su defecto, para evitar que los otros resalten.
Así fue en la escuela número 78 del Distrito
Escolar Merlo, donde se produjo un brutal asesinato en el que perdió la vida la
señora Martita Elizarraga, fonoaudióloga de la institución, el crimen se
mantuvo en silencio durante semanas, hasta que el putrefacto olor que despedía
el cadáver, fue advertido por Daiana Mazzitelli, alumna de primer grado, que luego
le comento lo sucedido a Soledad, su hermana, 7 años mayor que ella, quien
finalmente, advirtió a la policía.
Al ingresar a
lo que se utilizaba comúnmente como sala de profesores, la policía bonaerense se
llevo una fuerte impresión, ocho
personas llevaban a cabo una reunión con total tranquilidad apenas a metros del
cuerpo que yacía inerte y sin vida. Entre esas personas se encontraban la
directora de la escuela, la vice-directora, cuatro maestras de distintos años,
una vendedora de ropa y una promesa futbolística, Edgar Fabiani, un joven jugador de la cantera del Deportivo Merlo.
Lo primero
que pensaron todos, desde la policía hasta los medios que se acercaron a la institución
ubicada a unos cinco kilómetros de la estación de trenes fue, sin duda, que se trataba de un asesinato en grupo, realizado
por todos los que allí se encontraban, y no está mal pensar eso, sabiendo que
durante semanas, se mantuvo oculto el asesinato y que ni familiares ni cercanos
de todos los sospechosos sabían de lo ocurrido.
Pero no, después
de las declaraciones tomadas por la fuerza pública en el juzgado del partido de Morón, se llego a la conclusión de
que se había vivido un hecho de violencia en la escuela y finalmente, por
unanimidad de los declarantes, incluyéndose, el asesino se entregó, el único hombre
allí presente sería el único culpable.
El hecho de
violencia estuvo cerca de llevarse consigo mas vidas, ya que Edgar, apuntó con la pistola 9 milímetros perteneciente a la directora de la escuela, Delia Lobo en repetidas ocasiones a las mujeres allí presentes, inclusive les pidió
que se quiten la ropa y se toquen entre ellas, de lo contrario, no tendría problema
en disparar nuevamente.
Pero claramente, todas son cómplices del
asesinato, y la pregunta ahora es “¿Por qué las mujeres mantuvieron tanto
tiempo en silencio este secreto, que las involucra en la causa habiendo sido ellas
mismas, victimas de la violencia?”
La respuesta
que todas dieron es simple, “Fue un hombre” dijeron todas, y eso no lo podían permitir,
un grupo de mujeres, con ansias de ser fuertes, de no mostrarse nunca débiles frente
a los otros, compartiendo años de trabajo juntas y nunca un altibajo, ninguna
pudo resaltarse por encima de las otras. Prefirieron todas, sin consultárselo tal
vez ni a ellas mismas, mantener en silencio el crimen, no podrían soportar el
hecho de que un hombre haya cambiado drásticamente el rumbo de las cosas habiendo
entrado en su mundo pocos días antes.
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