domingo, 10 de noviembre de 2013

Autobiografía de Lorenzo Negri

  Yo nací hace dieciocho años, pero ¡uf!, los recuerdos más frescos comienzo a verlos recién desde mi primer año de jardín en el Gato Garabato, que antes quedaba no tan lejos de mi casa en agüero y mansilla. Allí estuve solo un año, pero me acuerdo las ganas que tenía de ir para encontrarme con los demás chicos. Uno de ellos incluso sigue siendo amigo, y eso que ya pasaron ¡13 años!. Aunque sería injusto no pensar en Manu,  a quien conozco con más anterioridad de la siempre colorida plaza, y bastante sucia, que aún sigue estando a 1 cuadra de mi antigua casa. Aunque suene gracioso, una amistad que surgió de ¡pegar y morder en las hamacas!

  En fin, un añito más tarde me cambiaría a otro  gran lugar que me dejo muchas cosas lindas, como el Aletheia, que aun hoy sigue estando en charcas en frente del hospital de niños. Ahí compartí muy lindos momentos con chicos con los que seguí mi amistad en la escuela primaria, como fuera de ella. En la salita arcoíris estuve, y la verdad que era de todos colores. Allí jugábamos, hacíamos manualidades, corríamos y jugábamos a las canicas en el patio, escuchábamos a los Beatles y dormíamos la siestita. Sin embargo, solo estuve hasta final de año, porque después me pasé al jardín de la escuela nº 26 Adolfo Van Gelderen, allí en el parque Las Heras. Ahí entré a la salita roja, donde conocí un montón de chicos que me acompañarían hasta el último día del egreso. En ese lugar pase 6 años de mi vida, y se lo agradezco profundamente a mis papás porque era, y es, un lugar lindísimo a pesar de los nunca faltantes deshechos de perro que la ensuciaban un poco.



Si voy a hablar todo sobre mi infancia no puedo olvidarme de la música que fue mi compañero durante tantos años, y aún hoy lo sigue siendo. Desde que agarré mi primer violín en “Zenerata” en frente de la plaza Castelli, pasando por mi primer concierto cuando le tocamos el feliz cumpleaños al zoológico en sus 115 años en el 2004 y nos hicieron una pequeña entrevista y nos sentimos famosos, hasta cuando tocamos varias veces en colegios, el Rosedal y el Parque de los niños. La música me hizo conocer gente muy buena que terminaría siendo amiga, y por siete años seguidos fui a tocar el violín con mi maestra Claudia Ponzo, aunque ahora este un poco más distanciado.


 Me acuerdo tantas cosas de la primaria.: los días de campo, los campamentos, las mañanas de teatro, los torneos de ajedrez que organizaba la cooperadora, los bailes, que también la hacía la cooperadora y que estaban buenísimos porque la pasábamos re bien; las clases de futbol en las canchitas de Marangoni en la misma plaza, los partidos de futbol en el patio, donde eramos invencibles en sexto y les ganábamos hasta a los de séptimo, siempre vistos como los cancheros del Van Gelderen. Hasta que crecimos y nos convertimos en ellos. Tantas cosas pasaron y en un abrir y cerrar de ojos ya teníamos 13 años y nos estábamos llendo a La Cumbre por el viaje de egresados, donde la pasamos como nunca. Reímos, nos divertimos y lloramos el último día en la noche de velas.
 De la mano del egreso llego el ingreso al Nacional Buenos Aires tras un año de mucho estudio y exámenes. Fue un año de cambios: me mudé a Belgrano, quedé bastante alejado de algunos amigos y era el comienzo de una etapa difícil como la adolescencia. En el Nacional pasé momentos lindos con mis nuevos compañeros disfrutando del campamento organizado por lo de quinto,  lo grande de la estructura del colegio y  el campo de deportes, donde jugamos el torneo interno de futbol y llegamos a semis. Pero a pesar de  pasarlo bien en ese sentido, también la pase mal cuando a final de año me lleve muchas materias y me sentí muy angustiado. No había logrado adaptarme al ritmo del colegio, donde igualmente son bastante cerrados debido a su mentalidad universitaria. Te hace “quemar etapas” muy rápido y si no lo haces, te jodés. Más decepcionante fue el haberme quedado afuera por quedarme dos materias desaprobadas en marzo tras haberme roto estudiando, tras un año congestionado por la gripe A y la tomas de tres semanas, por supuesto infaltable. De ahí surge también mi posición respecto de las tomas, a las cuales considero como un error debido a que terminan perjudicando más a los alumnos que recién comienzan una nueva etapa de la cual desconocen completamente las exigencias, que consiguiendo resolver los reclamos que se piden.

 El 2010 ya había empezado y entre una semana tarde al Liceo. Con la curiosidad y la incertidumbre de conocer a mis nuevos compañeros entre aquella mañana de marzo, donde el primero al que le dirigí la palabra fue al pancho de Ari que casi que se dormía. Nunca voy a arrepentirme de haber entrado al Liceo Nueve, porque de ahí conocí y conozco a muchos pibes con los que me río y mucho y con los que pase muchas cosas. Sin dudas que de las mejores cosas fueron los campamentos, que fueron siempre muy divertidos y variados con profesores muy buenos. Fuimos a Santa Teresita, a Merlo, y a Misiones, donde creo que fue el mejor viaje porque hicimos un montón de cosas y la pasamos increíble, muy a pesar de ciertos sujetos que no te dejaban dormir.

 Ya en 2013 dejamos los campamentos, pero el viaje de fin de curso hubo una división y no pudimos pasarlo juntos, que habría sido lo ideal. Fue una experiencia inolvidable de la cual siempre le voy a estar muy agradecido a mis padres por poder bancarla.

 Es triste ponerse a ver hacia atrás, pero ahora hay que mirar al futuro. Con 18 años faltan tan solo tres semanas para terminar la secundaria. ¡Qué rápido que pasa el tiempo! Todavía nos queda la batucada y la entrega de diplomas, pero esos cinco años de estudio se resumen en unos días, aunque no va a ser el final, porque ya el año que viene vamos a estar estudiando o trabajando. Personalmente, en este momento mi sueño para el futuro es poder encontrarme feliz en el trabajo en el que me encuentre, y el no arrepentirme. Me gustaría mucho también poder hacer más viajes. Ir a Estados Unidos, Inglaterra, porque no hacer un viaje de trabajo  como hacen hoy agencias para estudiantes. En fin, la vida recién comienza y hay que mirar para atrás con felicidad, porque es lo que nos va a mantener de pie cuando nos encontremos en alguna situación adversa en el futuro. 

1 comentario:

  1. Final y comienzo se muerden la cola, en lo que acaba está lo que se inicia y allá vamos.
    Gracias por el compromiso, el trabajo y las palabras.
    "Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero,
    Que la buena suerte te persiga, cada día y cada noche.
    Muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto a la fogata,
    Risas para consolarte y aquellos a quienes amas cerca de ti,
    ¡Y todo lo que tu corazón desee!"
    (Oración irlandesa)
    Graciela

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