Autobiografía de Lorenzo Negri
Yo nací hace dieciocho años, pero ¡uf!,
los recuerdos más frescos comienzo a verlos recién desde mi primer año de
jardín en el Gato Garabato, que antes quedaba no tan lejos de mi casa en agüero
y mansilla. Allí estuve solo un año, pero me acuerdo las ganas que tenía de ir
para encontrarme con los demás chicos. Uno de ellos incluso sigue siendo amigo,
y eso que ya pasaron ¡13 años!. Aunque sería injusto no pensar en Manu, a quien conozco con más anterioridad de la
siempre colorida plaza, y bastante sucia, que aún sigue estando a 1 cuadra de
mi antigua casa. Aunque suene gracioso, una amistad que surgió de ¡pegar y
morder en las hamacas!
En fin, un añito más tarde me
cambiaría a otro gran lugar que me dejo
muchas cosas lindas, como el Aletheia, que aun hoy sigue estando en charcas en
frente del hospital de niños. Ahí compartí muy lindos momentos con chicos con
los que seguí mi amistad en la escuela primaria, como fuera de ella. En la
salita arcoíris estuve, y la verdad que era de todos colores. Allí jugábamos,
hacíamos manualidades, corríamos y jugábamos a las canicas en el patio,
escuchábamos a los Beatles y dormíamos la siestita. Sin embargo, solo estuve
hasta final de año, porque después me pasé al jardín de la escuela nº 26 Adolfo
Van Gelderen, allí en el parque Las Heras. Ahí entré a la salita roja, donde
conocí un montón de chicos que me acompañarían hasta el último día del egreso.
En ese lugar pase 6 años de mi vida, y se lo agradezco profundamente a mis
papás porque era, y es, un lugar lindísimo a pesar de los nunca faltantes
deshechos de perro que la ensuciaban un poco.
Si voy a hablar todo sobre mi infancia no puedo olvidarme de la música que
fue mi compañero durante tantos años, y aún hoy lo sigue siendo. Desde que
agarré mi primer violín en “Zenerata” en frente de la plaza Castelli, pasando
por mi primer concierto cuando le tocamos el feliz cumpleaños al zoológico en
sus 115 años en el 2004 y nos hicieron una pequeña entrevista y nos sentimos
famosos, hasta cuando tocamos varias veces en colegios, el Rosedal y el Parque
de los niños. La música me hizo conocer gente muy buena que terminaría siendo
amiga, y por siete años seguidos fui a tocar el violín con mi maestra Claudia
Ponzo, aunque ahora este un poco más distanciado.
Me acuerdo tantas cosas de la
primaria.: los días de campo, los campamentos, las mañanas de teatro, los
torneos de ajedrez que organizaba la cooperadora, los bailes, que también la
hacía la cooperadora y que estaban buenísimos porque la pasábamos re bien; las
clases de futbol en las canchitas de Marangoni en la misma plaza, los partidos
de futbol en el patio, donde eramos invencibles en sexto y les ganábamos hasta
a los de séptimo, siempre vistos como los cancheros del Van Gelderen. Hasta que
crecimos y nos convertimos en ellos. Tantas cosas pasaron y en un abrir y
cerrar de ojos ya teníamos 13 años y nos estábamos llendo a La Cumbre por el
viaje de egresados, donde la pasamos como nunca. Reímos, nos divertimos y
lloramos el último día en la noche de velas.
De la mano del egreso llego el
ingreso al Nacional Buenos Aires tras un año de mucho estudio y exámenes. Fue
un año de cambios: me mudé a Belgrano, quedé bastante alejado de algunos amigos
y era el comienzo de una etapa difícil como la adolescencia. En el Nacional
pasé momentos lindos con mis nuevos compañeros disfrutando del campamento
organizado por lo de quinto, lo grande
de la estructura del colegio y el campo
de deportes, donde jugamos el torneo interno de futbol y llegamos a semis. Pero
a pesar de pasarlo bien en ese sentido,
también la pase mal cuando a final de año me lleve muchas materias y me sentí
muy angustiado. No había logrado adaptarme al ritmo del colegio, donde
igualmente son bastante cerrados debido a su mentalidad universitaria. Te hace
“quemar etapas” muy rápido y si no lo haces, te jodés. Más decepcionante fue el
haberme quedado afuera por quedarme dos materias desaprobadas en marzo tras
haberme roto estudiando, tras un año congestionado por la gripe A y la tomas de
tres semanas, por supuesto infaltable. De ahí surge también mi posición
respecto de las tomas, a las cuales considero como un error debido a que
terminan perjudicando más a los alumnos que recién comienzan una nueva etapa de
la cual desconocen completamente las exigencias, que consiguiendo resolver los
reclamos que se piden.
El 2010 ya había empezado y entre
una semana tarde al Liceo. Con la curiosidad y la incertidumbre de conocer a
mis nuevos compañeros entre aquella mañana de marzo, donde el primero al que le
dirigí la palabra fue al pancho de Ari que casi que se dormía. Nunca voy a
arrepentirme de haber entrado al Liceo Nueve, porque de ahí conocí y conozco a
muchos pibes con los que me río y mucho y con los que pase muchas cosas. Sin
dudas que de las mejores cosas fueron los campamentos, que fueron siempre muy
divertidos y variados con profesores muy buenos. Fuimos a Santa Teresita, a
Merlo, y a Misiones, donde creo que fue el mejor viaje porque hicimos un montón
de cosas y la pasamos increíble, muy a pesar de ciertos sujetos que no te
dejaban dormir.
Ya en 2013 dejamos los campamentos,
pero el viaje de fin de curso hubo una división y no pudimos pasarlo juntos,
que habría sido lo ideal. Fue una experiencia inolvidable de la cual siempre le
voy a estar muy agradecido a mis padres por poder bancarla.
Es triste ponerse a ver hacia atrás,
pero ahora hay que mirar al futuro. Con 18 años faltan tan solo tres semanas
para terminar la secundaria. ¡Qué rápido que pasa el tiempo! Todavía nos queda
la batucada y la entrega de diplomas, pero esos cinco años de estudio se
resumen en unos días, aunque no va a ser el final, porque ya el año que viene
vamos a estar estudiando o trabajando. Personalmente, en este momento mi sueño
para el futuro es poder encontrarme feliz en el trabajo en el que me encuentre,
y el no arrepentirme. Me gustaría mucho también poder hacer más viajes. Ir a
Estados Unidos, Inglaterra, porque no hacer un viaje de trabajo como hacen hoy agencias para estudiantes. En
fin, la vida recién comienza y hay que mirar para atrás con felicidad, porque
es lo que nos va a mantener de pie cuando nos encontremos en alguna situación
adversa en el futuro.

Final y comienzo se muerden la cola, en lo que acaba está lo que se inicia y allá vamos.
ResponderEliminarGracias por el compromiso, el trabajo y las palabras.
"Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero,
Que la buena suerte te persiga, cada día y cada noche.
Muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto a la fogata,
Risas para consolarte y aquellos a quienes amas cerca de ti,
¡Y todo lo que tu corazón desee!"
(Oración irlandesa)
Graciela