Como caracol azul
sobre musgo verde es el paso de la noche por encima de mí. Yo, yo veo lo que
puedo. Lo que quiero veo. Y tanto temblor, aunque no lo veo, deseo.
En el horizonte gris, todo parece silencio;
pero, increíble, surge majestuosa una palabra que canta y este humo que reverbera entre mis dedos insiste y pulsa. El pasado se columpia en el ciruelo; gotitas de sangre, olor a kerosene, mediodía de enero, un pasillo y en la galería vos, hermana, sos viento enamorado.
Azul sobre verde es la mirada que emerge de
la noche sin certezas y estoy tan cansada y tengo tanto para hacer que ser
optimista me parece un milagro.
Hécate se ahueca en mi regazo. Sin ton ni son, yo con siete años o setenta juego a las escondidas y me encuentro en el follaje del lenguaje. Extraño y no hay.
Entonces, el caracol y la noche copulan;
ella gira y me doy vuelta para verme con ojeras negras y cierta paciencia que
me ha venido despacito. Ahora sí, me duermo.

Leer y verte, sentir que te volvés palabra. Hermoso.
ResponderEliminar