miércoles, 20 de noviembre de 2013




Como caracol azul sobre musgo verde es el paso de la noche por encima de mí. Yo, yo veo lo que puedo. Lo que quiero veo. Y tanto temblor, aunque no lo veo, deseo.
   En el horizonte gris, todo parece silencio; pero, increíble, surge majestuosa una palabra que canta y este humo que reverbera entre mis dedos insiste y pulsa. El pasado  se columpia en el ciruelo; gotitas de sangre, olor a kerosene, mediodía de enero, un pasillo y en la galería vos, hermana, sos viento enamorado. 
   Azul sobre verde es la mirada que emerge de la noche sin certezas y estoy tan cansada y tengo tanto para hacer que ser optimista me parece un milagro.
Hécate se ahueca en mi regazo. Sin ton ni son, yo con siete años o setenta juego a las escondidas y me encuentro en el follaje del lenguaje. Extraño y no hay.

   Entonces, el caracol y la noche copulan; ella gira y me doy vuelta para verme con ojeras negras y cierta paciencia que me ha venido despacito. Ahora sí, me duermo. 

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