lunes, 25 de noviembre de 2013

Francisco San Sebastián.



Lucha de colosos, encandila la noche.
Vida en las penumbras, caminaba tal cual es, a su imagen y semejanza.
Sentir su esencia me provoca
La percepción de tu presencia me eriza
Todo una locura
Cual noche sin oscuridad, estalla
Sentimientos, ojos bien abiertos
Siempre fuiste noche y oscura
Habla de imaginación, sin prejuicios.





Culo inquieto  movedizo
observador atento  competitivo
 mal perdedor
 frio reservado oyente curioso
 espectador interesado
CALENTON

Vientos huracanados y tifones de furia, imposible volar para otro lado. La cabeza se estalla contra la misma pared por cientos de veces, y no aprende. El problema es uno, como casi siempre.
Increíbles momentos de cambio, los pensamientos que uno se guarda para sí mismo y solo se pueden compartir con el espejo, personas con las que puedo ser yo.

24 de Noviembre de 2013. Hablo casi sin equivocarme, seguramente hoy en día mis amigos sean esenciales e imprescindibles para definirme a mí. Somos un grupo de personas con las que compartimos un aula desde marzo de 2009, completamente por accidente e, intencionalmente, produjimos relaciones con una pequeña fracción de ese contingente.
Su presencia en mi vida es fundamental, completamente necesaria. Yo soy, porque él es de determinada manera, por lo cual me condiciona su forma de ser, y por eso estoy orgulloso de mi grupo de amigos. 

Intimidad
Fraternidad
Confianza
Amistad

Península de San Pedro, Bariloche 2013. La playa estaba tranquila, algo ventoso y el Nahuel Huapi algo correntoso en sus fuertes azules de profundidad. Desde la orilla se observaba un navegante, sobre su kayak avanzaba entre las pequeñas y fuertes olas del lago. Mucho viento, agua muy fría y pocas ganas de meterse.
Se comenzó a mover algo en el medio del lago. Era el hombre agitando su remo con una mano, y con la otra, intentando sostener el kayak. Miedo, impotencia, desesperación.
Primer intento; al agua, sin sogas ni salvavidas. Advertidos por unas personas de lugar nos detuvimos y regresamos a la orilla.
Segundo intento; Soga en mano, al agua nuevamente. Dos avanzamos al hacia el lago, y otros tres se quedaron en la orilla con el otro extremo de la soga.
 El líquido empezó a escalar por nuestro cuerpo adormeciéndonos cada parte de nuestras extremidades. Tiritando infinita e incontrolablemente no podíamos ni controlar nuestra propia boca.  El hombre gritaba, el bote se había escapado y la lucha contra el frio y el cansancio era agotadora. Por fin llegamos, lo encontramos exhausto, casi rendido al mal día, a su mala suerte.
Hicimos entrega de la soga. Los compañeros de la orilla comenzaron a tirar hacia afuera y nosotros nadamos a su lado.
No tuvimos la dimensión de lo que habíamos hecho.
Con un - Gracias chicos, me salvaron la vida.- alcanzó,  

Francisco San Sebastián.

1 comentario:

  1. Después de tantas palabras, una pocas más para empujarnos en el aire de la despedida y agradecerte el trabajo y la mirada y desearte
    "Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero,
    Que la buena suerte te persiga, cada día y cada noche.
    Muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto a la fogata,
    Risas para consolarte y aquellos a quienes amas cerca de ti,
    ¡Y todo lo que tu corazón desee!" (Oración irlandesa)
    Graciela

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