Y bueno acá estoy otra vez tratando de poder darle forma a
mi autobiografía, cosa que encuentro muy difícil de comenzar porque tarde mucho
en decidirme de que manera la iba a escribir para que se vuelva entretenida a
la lectura de cualquiera. Mi nombre es Santiago Robles y nací en Buenos Aires,
ciudad en la que va a transcurrir mi vida hasta el presente. De chico siempre
tuve muchos problemas para llamar las cosas por su nombre, un ejemplo es el
pollo que yo le decía “coco” y varias de ese estilo. Mis viejos tampoco
ayudaron mucho, ellos también comenzaron a llamar las cosas por el nombre que
yo les ponía hasta que bueno, se dieron cuenta que era una boludes y ya estaba
grande para poder llamarlas por su nombre. Otra de mis características de
cuando era chiquito es que era muy inquieto, siempre corría de lado a lado o
intentaba todo para poder salir de la cuna, y eso me costó varios de mis golpes
y cicatrices.
A la edad de los 3 años comencé el jardín, ojala pudiera dar
más detalles de mi vida en ese entonces pero no recuerdo mucho y supongo que lo que más envidio de ese momento
es que no tenia preocupaciones ni obligaciones, todo era perfecto, iba por la
mañana al jardín y después a la tarde dormía la siesta, vida perfecta sin obligaciones.
Al cumplir 6 comencé la primaria, recuerdo que espere con muchas ansias el
primer día de la primaria, todo se volvía más importante. La palabra recreo se
transformo en algo muy esperado y que todos querían, tan solo eran dos periodos
de quince minutos entre clases pero algo que recuerdo muy bien, es que la
pasábamos genial jugando a la pelota o a la mancha en el patio. Al empezar la
primaria también empecé con los deportes, que eran natación y futbol.
Durante la primaria fue una década muy linda, los vínculos
con los amigos se volvieron muchos más fuertes, y el concepto mejor amigo
siempre estaba presente. Volviendo a los deportes empecé a tener mucha afinidad
al futbol y a la natación y en séptimo grado, tuve que tomar una de las
decisiones que influirían mucho en mi futuro, seguir jugando al futbol o
empezar a entrenar a nivel profesional natación que implicaba mucho más
esfuerzo. Finalmente decidí por natación y bueno, creo que no me equivoque
porque a partir de ahí me puse una meta que hasta el día de hoy la tengo. A
partir de sexto grado conocí el ingles, idioma que odie con toda mi alma pero
tuve que aprender, pero tiempo después se volvería una de las cosas que más me
gustan. Séptimo grado recuerdo que fue uno de los años más difíciles de
transitar, las materias se volvieron más complejas y me tuve que empezar a
preocupar por cuál sería la secundaria a la que iba a ir.
Cuando me tuve que sentar a pensar cuál sería la secundaria
para mi según mis gustos aparecieron el Nacional Buenos Aires y el colegio
Técnico Cuba; por un lado tenia una de las instituciones más prestigiosas del
país que requerían un nivel de dedicación y estudio totales, y por el otro lado
una de los mejores colegios técnicos con mejor salida laboral y donde me veía
más factible a estar por mis gustos. Finalmente llego el momento de decidir y
me incline por el Cuba esperando que sea lo que estaba buscando. Al terminar
séptimo fui abanderado y termine un ciclo muy grande de mi infancia, pero
comenzó otro totalmente desconocido por el cual iba a tener que adaptarme para
poder transitar.
Una vez que empecé la secundaria mis tiempos se achicaron
totalmente cosa que no me imagine que iba a ser así. Iba al colegio a la mañana
de 7.30hs a 12.30hs, después salía y tenía que ir al taller que era de la
materia específica del colegio de 13hs a 17hs, y luego me iba a entrenar de
17.30hs hasta las 20.30hs. Tengo que aclarar que mis entrenamientos eran de
lunes a sábados de tres a cuatro horas. Primer año fue un año muy agitado y me
empecé a replantear si me gustaba el colegio porque muchos lazos con mis amigos
no encontraba y aparte tanta actividad durante el día me cansaba y terminaba
muy cansado, así que a medida que llego diciembre empecé a ver la posibilidad
de cambiarme a otro colegio porque descubri que no me gustaba y entonces empece
a buscar uno que tuviera menos carga horaria y con prestigio. Al terminar las
vacaciones de primer y volver de Brasil con mi familia ya había decidido por un
colegio, y fue así como en segundo año logre que me diera el pase al Liceo 9. A
partir de ahí pude empezar a poder entrenar más tranquilo, concentrado en el
objetivo y también me sentía mas cómodo en el colegio con mis nuevos amigos,
genere un vinculo con ellos que hasta hoy mantengo y nunca me arrepiento de
haberme cambiado. Uno de los problemas que apareció respecto al tema académico era
que al entrenar tanto, este me consumía y en el colegio no rendía muy bien,
agregando que al haberme cambiado de colegio estaba un poco fuera de cómo se
estudiaba en el Liceo y me termine llevando un montón de materias a diciembre,
situación que se iba a repetir con el correr de los años.
Durante tercer año mi entrenamiento había sido excelente se aproximaban
los torneos importantes y así fue como en julio de ese año salí por primera vez
campeón nacional, todo estaba perfecto hasta entonces pero el colegio no era lo
mismo, problema que tuve que volver a solucionar en diciembre y marzo. En
cuarto año mi vida empezó a cambiar de a poco, cada vez tenía más libertad para
moverme, me manejaba más solo y era más independiente. Note que mis gustos
empezaron a cambiar, ya la natación era algo más difícil de llevar, pero pude
salir adelante y superar esa crisis de ánimo. Ya al llegar a quinto año fue
como tocar el cielo, había pasado por situaciones de mucha tensión rindiendo y
estuve muy cerca de repetir pero por suerte gracias a que había estudiado mucho
pude pasar junto con mis amigos. En julio de este año hice uno de los viajes más
esperados de mi vida junto a mis tres mejores amigos (Jamie, Nico y Joaquín) a
Estados Unidos. Jamie y Nico eran hermanos y como su padre era norteamericano tenían
familiares allá, así que nos invitaron a mí y a Joaquín a pasar las vacaciones
de invierno con ellos. El viaje fue inolvidable, viví veinte días como un
yankee y mi ingles mejoro muchísimo. Aprendí un montón de costumbres y cosas de
la vida cotidiana de cómo se vive allá.
Al volver de viaje me tuve que empezar a preparar para el
viaje a Villa La Angostura con el colegio, viaje que siempre voy a recordar
porque sinceramente nos unió mas como grupo de amigos y pudimos apreciar la
naturaleza. Luego del viaje, costó
demasiado poder ponerse al día con las materias, no había ganas de nada y estábamos
re cansados; así que el segundo trimestre vino con muchas materias bajas.
Y bueno hoy en día llego la parte de mi vida en que tuve una
sensación muy parecida a la que tuve en séptimo grado cuando tuve que elegir qué
tipo de colegio quería, la única diferencia es que esta es mucho más importante
y va a dirigir mi vida. Después de charlas de orientación y cursos llegue a una
conclusión y pude inscribirme en la UBA en economía, decisión que me costó
mucho tomar y espero que sea la correcta, nunca es tarde para cambiar. Así es
como termino mi autobiografía esperando encontrar el camino correcto para el futuro.
Qué bueno que este año te animaras a confiar en vos y tu voz. Gracias por compartir y no darte por vencido.
ResponderEliminarQue pueda el camino subir hasta alcanzarte
Que pueda el viento soplar siempre a tu espalda.
Que pueda el sol brillar cálidamente sobre tu rostro
y las lluvias caer con dulzura sobre tus campos,
y hasta que volvamos a encontramos
que Dios te sostenga en la palma de su mano.
(Oración irlandesa)
Graciela